[…]yo lo único que quiero es que repongan a NINA en sus vallas.
¿Cómo va a ser igual - díganme ustedes - estar viendo el cuerpo juguetón de NINA, sus insinuaciones, su inocente pero pícara mirada, su imantada postura, su saber estar ahí, que estar viendo esas enormes cabezotas? (¡Que se jod… la telefonista ahora que no me oye).
¿No es más atracivo/atrayente el triunfo de la Estética que la representación teatrera de la Política? ¿Cómo va a ser igual la suave curva de una cadera que la línea cerrada de una cabeza? ¿Cómo comparar ese ombligo que se esconde, pícaro, entre circunvoluciones, hacia dentro, que esa nariz, horrorosa, adosada a una cara de plato? ¿Cómo comparar ese cutis delicado con esa barba impenitente? ¿Qué decir de esa silueta, que no sabes si empieza o termina, comparada con esas deformadas circunferencias con orejas, medio calvas, o con verruga antiestética incluída? ¿Cómo comparar a quien está ahí mirándote, sonriéndote e invitándote, con quienes han sido colocados ahí para exigirte? Cada vez que los veo parece que quieren cogerte por la solapa, ponerte boca abajo y zarandearte para que tu voto caiga de tu bolsillo a su bolsillo.[…]
Fragmento de un texto titulado Nina Ferrys, escrito por el profesor de filosofía que tuve en segundo de bachillerato. Puedes leer el texto entero si pulsas con el ratón en esta frase.